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En 2023, celebramos el 75 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en un mundo profundamente interconectado y cada vez más consciente de sus desafíos. En el desarrollo de una red de solidaridad global, la ayuda humanitaria se emplea en contextos adversos para contribuir a la rehabilitación de los medios de vida y rescatar la dignidad humana, independientemente de especificidades como la nacionalidad, el color, la religión o el género.
Tradicionalmente, la cooperación humanitaria ha ayudado a países y territorios que se encuentran en situación de emergencia o vulnerabilidad, ya sea por desastres naturales, conflictos armados o cualquier otra amenaza a la vida, la salud, la seguridad y los derechos humanos de las poblaciones.
A diferencia de la cooperación al desarrollo, la ayuda humanitaria no tiene como objetivo último la transformación de realidades mediante la transferencia de conocimientos técnicos, científicos o tecnológicos. Por lo contrario, este tipo de apoyo actúa de forma urgente para suplir necesidades humanas básicas, que muchas veces se restringen a poblaciones enteras.
En el contexto mundial actual, la cooperación humanitaria cobra fuerza e importancia, principalmente porque las crisis prolongadas han agravado la inestabilidad geopolítica, el hambre, la pobreza extrema y la fragilidad en diversas partes del mundo. En el Informe sobre Cooperación para el Desarrollo 2023, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) también destaca que crecen los llamados a atender las necesidades inmediatas de los más vulnerables, agravadas por el cambio climático y los escenarios de pandemia.
En enero de 2023, 339 millones de personas -casi tres veces más que en 2016- necesitaron asistencia humanitaria, que costará alrededor de 51.500 millones de dólares, estima el Foro Económico Mundial.
Además de los esfuerzos realizados por los gobiernos de diferentes países para cubrir las necesidades básicas de las personas afectadas por las crisis, diferentes organizaciones humanitarias también tratan de llenar el vacío entre las crecientes demandas y los recursos actualmente disponibles, y se han mostrado cada vez más esenciales en este contexto.
Tanto los individuos como las organizaciones internacionales como Médicos Sin Fronteras, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja están directamente involucrados en la protección de las víctimas de la violencia, brindando asistencia humanitaria en el terreno y en actividades de promoción planteando la conciencia de las personas y los gobiernos sobre la relevancia del tema. Reconocido en todo el mundo, este trabajo a menudo recibe el Premio Nobel de la Paz, por ejemplo.
En Brasil, el Grupo de Trabajo Interministerial de Cooperación Internacional Humanitaria coordina las acciones exitosas emprendidas por el país. Distintas instituciones del Gobierno del Distrito Federal trabajan para ayudar al gobierno brasileño en estas misiones humanitarias que el país promueve, como la Policía Militar del Distrito Federal (PMDF) y el Cuerpo Militar de Bomberos del Distrito Federal (CMBDF), que buscar siempre apoyar acciones de acción humanitaria, teniendo como objetivo no su perpetuidad, sino su conclusión, siempre que esto signifique la extinción de las circunstancias que la motivaron.
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